26 mayo 2009

"Andres"

Editor de Imagenes








Andrés Calamaro es historia, arrogancia y poder. Su santidad Calamaro cuestiona e impone las reglas. A él nadie le reprime su carácter y sus escarceos con aquellos elementos que te llevan a las nubes o al infierno. Calamaro es todo en uno: sabiduría, genio y, por encima de todo, estrella.


Sus apariciones, sus movimientos, su forma de armar las frases, muchas veces extendidas y sin fin, te describen a un personaje que sabe que su fuerza está en su personalidad. Es un poeta urbano, soberbio, demoledor, que habla de lo divino y lo malo. Te lleva por descripciones pictóricas o literarias que asombran al más apático. Calamaro es la sombra de una verdad construida con sonidos y que ahora se resume en una compilación de discos que el argentino lanza sin pudor y sin contemplación.





Lo hizo de nuevo. A nueve años de ese gesto claustrofóbico, tóxico, incontinente, audaz y por momentos genial que fue El salmón, Andrés Calamaro volvió a elegir un formato extra large para celebrar sus diez años de solista post Rodríguez. Es el período que va de Alta suciedad (1997) a La lengua popular (2007), dos discos orgánicos, con buena producción y, si cabe la palabra, comerciales. Entre estos extremos, Calamaro hizo de todo: abarcó decenas de géneros musicales, colaboró con otros artistas, interpretó covers extraños, grabó cintas tenebrosas y también luminosas, experimentó con sonidos, jugó, no paró de grabar y penduló entre su traje de elegante rock star hispano-argentino y las prolíficas cabalgatas de noches sin días de lo que él llamó -llama- Deep Camboya. . .






¿Cómo surgió la idea de semejante compilado?

Ya había intentado proyectos parecidos. Hace cinco años teníamos casi terminada una antología de inéditos, demos, rarezas y música para el cine. Y cada año consideraba la posibilidad de un disco de recopilación de éxitos y "mejores grabaciones"; la fantasía de revelar mis aventuras "ineditóxicas" o "camboyanas" es casi un asunto de "interés público" en Internet. Y el año pasado sentí que era el momento de hacer un balance porque habían pasado diez años exactos entre la grabación de Alta Suciedad y La lengua popular. Me gustan los números redondos: diez años después de Paloma, le abro la jaula a ver si resulta mensajera.





¿Te costó indagar en esos materiales?

Menos de lo que pensaba. Fue intenso pero divertido. Tenía bastantes cosas clasificadas, y otras que ni recordaba que existían. Pero no fue incómodo, todo lo contrario:

fue como encontrarse con antiguos
amigotes y reírse de las salvajadas de antaño.





En estos diez años, Calamaro pasó de una situación de rockero intenso y errante (lo que él llama "bohemia") a formar una familia con la actriz Julieta Cardinali (con quien tuvo una hija, Charo). El músico es celoso con su intimidad y ha sabido mantener al margen situaciones personales y privadas. Le pregunto si es raro meterse con canciones escritas en el medio de rutinas viciosas, cuando el presente es tal vez antagónico. "La música es medicinal. Me reí recordando esa ´entrega suicida´, esa pasión puesta en grabaciones íntimas que ni siquiera estaban pensadas como parte de un disco. Como dicen los Vox Dei: Es el presente el momento en que estás. Además diez años de grabaciones es mucho, incluso siendo la mitad de la nada gardeliana (veinte años no es...)".






La obra de Andrés Calamaro es como un aljibe: nunca se sabe qué hay allá abajo. Entre paredes de musgo puede salir agua limpia o turbia, pero siempre hay algo. . .





Fuente :


http://www.latinomadrid.com/noticia.php?id=8261

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